Sin duda alguna, las ideas sobre la paz son muy concurrentes en nuestras mentes, pues siempre estamos añorando con llegar a este estado ideal, el cual se ha convertido en uno de los sueños más añorados para cualquier ser humano y sociedad en particular. Sin embargo, siempre se presentan dificultades, obstáculos, crisis y momentos difíciles, ya que la vida está llena de todos ellos, y por lo tanto, hay que saberlos afrontar y reconocer. Pues sin ellos, la vida no sería tan rica en experiencias, ya que a pesar de que estas situaciones sean tan complicadas para nosotros, una vez se logren superar, son más los aprendizajes que quedan en la mente que los recuerdos de los sabores amargos de esas situaciones indeseables.
En los últimos días, he estado escuchando, leyendo y mirando varias noticias sobre la paz que necesita Colombia, pues como todos sabemos, en Colombia se vive una guerra intensa, una guerra que para muchos está por terminar y para otros está en su punto más crítico. Sin embargo, yo personalmente, pienso que la guerra en Colombia está cada vez peor, el país podrá contar con mayor personal en las fuerzas armadas, ya sean en el ejercito o en la policía, pero el desplazamiento, la violencia y el rencor, se toman cada vez más la vida de las víctimas que sufren por este flagelo.
Uno se pregunta y se da cuenta de lo afortunado que es, al saber que no ha tenido que pasar por esas situaciones tan caóticas y críticas, y aún así, el sentimiento de querer que la guerra cese, se pierde en la cotidiana rutina de la vida agitada que se vive en las grandes ciudades. Sin embargo, al observar documentales y especiales periodísticos, donde los protagonistas son las mismas víctimas de esta guerra tan violenta y sangrienta, la cual se vive a tan pocos kilómetros de distancia de donde uno mismo vive una vida tan tranquila y envidiada para muchos otros, se generan sentimientos fuertes de querer hacer algo por lograr que el gran sueño de Colombia se convierta en toda una realidad.
¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros desde nuestras casas, desde nuestros colegios y universidades, para evitar que la guerra siga creciendo y se siga expandiendo por los territorios de Colombia, sin poner en riesgo nuestras vidas y sin alimentar los intereses de los diferentes políticos corruptos que gobiernan hoy en día a Colombia?. Esta es otra de las preguntas más frecuentes que suelo hacerme, pero que desafortunadamente, no consigo una respuesta inmediata, y por ende se me olvida y vuelvo a estar ciego ante una realidad tan trágica a mi alrededor.
Colombia, eres un país hermoso, lleno de recursos únicos, envidiables por cualquier otra nación, Colombia, tu gente buena es cálida, amable y hospitalaria, el amor en sus corazones es inmenso y sus buenos sentimientos se hacen realidad en cada segundo. Sin ellos, este país estaría hecho pedazos, pero es triste saber que también esta gente buena, a veces se calla o prefiere no manifestarse, (en donde me incluyo), ante un fenómeno tan crítico como lo es cualquier guerra, por más insignificante que parezca.
Cómo soñaría con visitar cada rincón de Colombia sin temor alguno, sin temor a ser secuestrado, sin temor a ser asesinado, sin temor de estar en cualquier atentado terrorista en cualquier sitio público. Como soñaría, en disfrutar con cada uno de mis hijos y nietos, los sentimientos que se deben generar con la paz, una vez ésta sea lograda, una paz pura e infinita. Esa paz, que se ha convertido en el sueño de cada Colombiano, de cada individuo que ha tenido que sobrellevar el peso de la violencia en su espalda y cuello, esa paz que seguramente limpiaría los dolores y los recuerdos sucios, productos de la sangre cruelmente regada por cada una las tierras de Colombia.
A pesar, de contar con un gobierno que se muestra más cerca a los habitantes de cada pueblo y cada ciudad de Colombia (o que por lo menos nos han hecho creer los medios de comunicación); la paz no se ve nada cerca. Sino que al contrario, se ve muy distante, la pobreza, el desplazamiento son fenómenos que cada vez crecen más aceleradamente en Colombia, las muertes y la sangre regada no cesan. ¿Cuándo será el día en que uno se pueda despertar y leer el periódico o cualquier otro medio de comunicación y enterarse de noticias buenas, alegres para todos los colombianos sin ninguna tragedia ni tristeza?, esa es otra pregunta que suelo hacerme frecuentemente.
Hoy, 3 de febrero de 2009, siendo las 01:20 horas, empecé a escribir estas frases, que a lo mejor no están muy bien redactadas, pero que me salen del corazón, al ver a una Colombia tan golpeada por la violencia, en un especial del PIRRY en el canal RCN, sobre las tragedias que han tenido que soportar miles de familias Colombianas por las masacres y asesinatos que han llevado a cabo los paramilitares y miembros del estado (lo cual es terrible), a sus seres más amados.
Yo, que no he sido una víctima directa de la guerra en Colombia, siento que este flagelo no se ha acabado, y al contrario, cada vez más, la guerra se vuelve más fuerte y las oportunidades de lograr algún acuerdo para frenar tanta violencia son más escasas. Pues cada vez somos más las personas que nos distanciamos por tener opiniones políticas diferentes, lo que genera tensiones y rechazo total a otros puntos de vista, hasta el punto de acusarnos en apoyar a grupos ilegales y terroristas, en apoyar a los refuerzos que se hacen en las armas, técnicas y estrategias militares por parte del Ejercito de Colombia, las cuales terminan encadenando más hechos violentos en una nación tan golpeada por este cáncer.
¿Qué tenemos que hacer para abrir nuestros corazones y nuestras mentes para que podamos entender y ayudar a las personas que están atravesando situaciones difíciles derivadas de la guerra que se vive en Colombia?, ¿Seremos capaces de querer y estimular acuerdos de paz que en los peores escenarios se nos exigirá el olvido de tanta injusticia?, ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar en apoyar cualquier iniciativa que logre llevar a cabo conseguir, de una vez por todas, la anhelada paz para los Colombianos?, ¿Será que nosotros, los Colombianos, de verdad queremos la paz?. Todas estas preguntas me surgen en el día de hoy, dejando grandes interrogantes sin resolver todavia en mi mente.
En los últimos días, he estado escuchando, leyendo y mirando varias noticias sobre la paz que necesita Colombia, pues como todos sabemos, en Colombia se vive una guerra intensa, una guerra que para muchos está por terminar y para otros está en su punto más crítico. Sin embargo, yo personalmente, pienso que la guerra en Colombia está cada vez peor, el país podrá contar con mayor personal en las fuerzas armadas, ya sean en el ejercito o en la policía, pero el desplazamiento, la violencia y el rencor, se toman cada vez más la vida de las víctimas que sufren por este flagelo.
Uno se pregunta y se da cuenta de lo afortunado que es, al saber que no ha tenido que pasar por esas situaciones tan caóticas y críticas, y aún así, el sentimiento de querer que la guerra cese, se pierde en la cotidiana rutina de la vida agitada que se vive en las grandes ciudades. Sin embargo, al observar documentales y especiales periodísticos, donde los protagonistas son las mismas víctimas de esta guerra tan violenta y sangrienta, la cual se vive a tan pocos kilómetros de distancia de donde uno mismo vive una vida tan tranquila y envidiada para muchos otros, se generan sentimientos fuertes de querer hacer algo por lograr que el gran sueño de Colombia se convierta en toda una realidad.
¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros desde nuestras casas, desde nuestros colegios y universidades, para evitar que la guerra siga creciendo y se siga expandiendo por los territorios de Colombia, sin poner en riesgo nuestras vidas y sin alimentar los intereses de los diferentes políticos corruptos que gobiernan hoy en día a Colombia?. Esta es otra de las preguntas más frecuentes que suelo hacerme, pero que desafortunadamente, no consigo una respuesta inmediata, y por ende se me olvida y vuelvo a estar ciego ante una realidad tan trágica a mi alrededor.
Colombia, eres un país hermoso, lleno de recursos únicos, envidiables por cualquier otra nación, Colombia, tu gente buena es cálida, amable y hospitalaria, el amor en sus corazones es inmenso y sus buenos sentimientos se hacen realidad en cada segundo. Sin ellos, este país estaría hecho pedazos, pero es triste saber que también esta gente buena, a veces se calla o prefiere no manifestarse, (en donde me incluyo), ante un fenómeno tan crítico como lo es cualquier guerra, por más insignificante que parezca.
Cómo soñaría con visitar cada rincón de Colombia sin temor alguno, sin temor a ser secuestrado, sin temor a ser asesinado, sin temor de estar en cualquier atentado terrorista en cualquier sitio público. Como soñaría, en disfrutar con cada uno de mis hijos y nietos, los sentimientos que se deben generar con la paz, una vez ésta sea lograda, una paz pura e infinita. Esa paz, que se ha convertido en el sueño de cada Colombiano, de cada individuo que ha tenido que sobrellevar el peso de la violencia en su espalda y cuello, esa paz que seguramente limpiaría los dolores y los recuerdos sucios, productos de la sangre cruelmente regada por cada una las tierras de Colombia.
A pesar, de contar con un gobierno que se muestra más cerca a los habitantes de cada pueblo y cada ciudad de Colombia (o que por lo menos nos han hecho creer los medios de comunicación); la paz no se ve nada cerca. Sino que al contrario, se ve muy distante, la pobreza, el desplazamiento son fenómenos que cada vez crecen más aceleradamente en Colombia, las muertes y la sangre regada no cesan. ¿Cuándo será el día en que uno se pueda despertar y leer el periódico o cualquier otro medio de comunicación y enterarse de noticias buenas, alegres para todos los colombianos sin ninguna tragedia ni tristeza?, esa es otra pregunta que suelo hacerme frecuentemente.
Hoy, 3 de febrero de 2009, siendo las 01:20 horas, empecé a escribir estas frases, que a lo mejor no están muy bien redactadas, pero que me salen del corazón, al ver a una Colombia tan golpeada por la violencia, en un especial del PIRRY en el canal RCN, sobre las tragedias que han tenido que soportar miles de familias Colombianas por las masacres y asesinatos que han llevado a cabo los paramilitares y miembros del estado (lo cual es terrible), a sus seres más amados.
Yo, que no he sido una víctima directa de la guerra en Colombia, siento que este flagelo no se ha acabado, y al contrario, cada vez más, la guerra se vuelve más fuerte y las oportunidades de lograr algún acuerdo para frenar tanta violencia son más escasas. Pues cada vez somos más las personas que nos distanciamos por tener opiniones políticas diferentes, lo que genera tensiones y rechazo total a otros puntos de vista, hasta el punto de acusarnos en apoyar a grupos ilegales y terroristas, en apoyar a los refuerzos que se hacen en las armas, técnicas y estrategias militares por parte del Ejercito de Colombia, las cuales terminan encadenando más hechos violentos en una nación tan golpeada por este cáncer.
¿Qué tenemos que hacer para abrir nuestros corazones y nuestras mentes para que podamos entender y ayudar a las personas que están atravesando situaciones difíciles derivadas de la guerra que se vive en Colombia?, ¿Seremos capaces de querer y estimular acuerdos de paz que en los peores escenarios se nos exigirá el olvido de tanta injusticia?, ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar en apoyar cualquier iniciativa que logre llevar a cabo conseguir, de una vez por todas, la anhelada paz para los Colombianos?, ¿Será que nosotros, los Colombianos, de verdad queremos la paz?. Todas estas preguntas me surgen en el día de hoy, dejando grandes interrogantes sin resolver todavia en mi mente.
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